Una crisis humanitaria se describe como un escenario en el que amplios sectores de la población afrontan riesgos extremos para su vida, su salud, su integridad o su dignidad debido a conflictos armados, fenómenos naturales devastadores, derrumbes económicos, brotes epidémicos o la combinación de varios de estos elementos. No constituye únicamente un hecho aislado: puede manifestarse de forma aguda (breve pero de impacto intenso) o mantenerse en el tiempo (sostenida, con secuelas persistentes en los medios de subsistencia y en los servicios disponibles). Su rasgo esencial radica en el desajuste entre las necesidades fundamentales de la comunidad y la capacidad de las estructuras locales y nacionales para atenderlas.
Causas habituales
- Conflictos armados: generan desplazamiento masivo, destrucción de servicios básicos y riesgos de violencia generalizada (ejemplos: Siria, Yemen, Sudán).
- Desastres naturales: terremotos, inundaciones, sequías y ciclones que dañan infraestructura y medios de vida (ejemplo: terremoto en Haití en 2010, sequías en el Cuerno de África).
- Choques económicos: hiperinflación, pérdida de empleo o colapso de mercados que impiden el acceso a alimentos y servicios.
- Epidemias y pandemias: afectan sistemas de salud y protegen a poblaciones vulnerables (por ejemplo, la pandemia de coronavirus).
- Cambio climático y degradación ambiental: incrementan la frecuencia e intensidad de eventos extremos y erosionan la resiliencia local.
Impactos típicos
- Incremento en las tasas de mortalidad y de enfermedades.
- Movilidad forzada dentro del país y surgimiento de corrientes de refugiados.
- Malnutrición tanto aguda como prolongada en población infantil y adulta.
- Reducción del acceso a agua segura, servicios de saneamiento y atención sanitaria.
- Interrupciones en la educación y disminución de fuentes de sustento.
- Agresiones contra la población civil y mayor exposición al riesgo para mujeres, niñas y grupos desfavorecidos.
Cómo se mide una crisis humanitaria: indicadores cuantitativos
La medición combina indicadores sanitarios, nutricionales, de protección y de acceso a servicios. Entre los más utilizados figuran:
- Tasa bruta de mortalidad (TBM): muertes por cada 10.000 personas por día. Umbrales prácticos: TBM >1/10.000/día suele indicar emergencia; TBM >2/10.000/día es uno de los criterios utilizados para declarar hambruna en contextos alimentarios severos.
- Malnutrición aguda global (MAG): prevalencia de emaciación entre niños de 6–59 meses; prevalencias >15% indican situación grave; >30% forma parte de criterios para hambruna combinada con otros indicadores.
- Prevalencia de desnutrición crónica: retraso del crecimiento en niños, revela efectos a largo plazo.
- Acceso a agua segura y saneamiento: porcentaje de hogares con acceso; déficits aumentan riesgos de brotes diarreicos.
- Cobertura vacunal y capacidad del sistema de salud: indicadores de protección frente a enfermedades prevenibles.
- Número de personas desplazadas y refugiadas: magnitud y velocidad del desplazamiento indican gravedad y presión sobre servicios.
- Indicadores de seguridad alimentaria: consumo alimentario insuficiente, copias de estrategia de supervivencia, precios de alimentos.
Enfoques y esquemas de evaluación
- Evaluaciones rápidas y multisectoriales: se realizan en las semanas iniciales posteriores a una crisis y ofrecen un panorama preliminar para detectar las necesidades más urgentes.
- Evaluación Inicial Multisectorial (MIRA) y Análisis Multiclúster: integran información cuantitativa y cualitativa con el fin de guiar de forma conjunta la planificación de la respuesta.
- Planes y necesidades humanitarias (HNO/HRP): las agencias humanitarias generan estimaciones sobre la población que requiere asistencia y formulan planes de intervención basados en análisis sistemáticos.
- Monitoreo de mortalidad y nutrición: las encuestas por conglomerados y los sistemas de vigilancia constituyen métodos habituales para evaluar la evolución de los indicadores.
- Sistemas de alerta temprana y análisis de riesgo: combinan datos climáticos, información sobre producción agrícola y variaciones en los precios de alimentos para prever posibles crisis.
- Fuentes de datos: reportes gubernamentales, estadísticas de agencias de la ONU como OMS, FAO, UNICEF y ACNUR, aportes de organizaciones no gubernamentales, imágenes satelitales y sondeos móviles.
Ejemplos y situaciones ilustrativas
- El conflicto en Yemen derivó en una crisis prolongada donde millones de personas quedaron expuestas a una grave inseguridad alimentaria; los análisis conjuntos evidenciaron tasas elevadas de desnutrición y un marcado deterioro en los servicios de salud y abastecimiento de agua.
- La sequía reiterada en el Cuerno de África ocasionó incrementos agudos de malnutrición infantil y desplazamientos internos, factores que impulsaron la activación de planes regionales de respuesta y sistemas de alerta temprana.
- A finales de 2022, ACNUR señaló que más de 100 millones de personas se encontraban desplazadas por la fuerza a nivel mundial, una cifra empleada como referencia del alcance global de las crisis humanitarias actuales.
- En Somalia (2011) se proclamó hambruna en áreas específicas tras coincidir tasas muy altas de mortalidad, niveles extremos de desnutrición aguda y una pérdida generalizada de medios de subsistencia.
Desafíos en la medición
- Acceso limitado: en áreas con inseguridad, reunir información confiable resulta arriesgado y complejo.
- Datos incompletos o politizados: las discrepancias entre registros oficiales y fuentes independientes dificultan elaborar estimaciones precisas.
- Dinámica rápida: los indicadores pueden variar en cuestión de semanas, lo que obliga a un seguimiento constante.
- Dimensiones intangibles: aspectos como la protección, el impacto psicosocial o la erosión del tejido social son esenciales pero complicados de medir.
- Contextos urbanos y protractados: las crisis que afectan entornos urbanos o se prolongan en el tiempo requieren enfoques distintos a los aplicados en emergencias rurales y de corta duración.
Recomendaciones esenciales y pautas éticas
- Integrar cifras objetivas con valoraciones cualitativas y aportes de la comunidad para reflejar con mayor precisión las necesidades existentes.
- Dar prioridad al principio de “no causar daño”, resguardando la seguridad y la privacidad de quienes participan en las encuestas.
- Impulsar el liderazgo local y la transferencia de conocimientos a fin de fortalecer la obtención de datos y la sostenibilidad de las acciones emprendidas.
- Garantizar claridad en los métodos y supuestos utilizados al exponer los resultados, evitando confusiones o interpretaciones politizadas.
La evaluación de una crisis humanitaria implica dimensiones técnicas y políticas: exige indicadores sólidos como mortalidad, desnutrición, desplazamientos y acceso a servicios, junto con metodologías ajustadas al contexto, pero también demanda consideración hacia las comunidades afectadas y un reconocimiento claro de las limitaciones de la información disponible. Para ofrecer una respuesta realmente eficaz se vuelve esencial combinar datos cuantitativos y cualitativos, reforzar los sistemas locales de información, anticipar amenazas —en especial las vinculadas al cambio climático— y garantizar que definiciones y umbrales funcionen como orientaciones destinadas a salvaguardar vidas y dignidad, en lugar de convertirse únicamente en clasificaciones estadísticas.